El verdadero
pensamiento de Pichon esta reprimido. (por algo será)
Por Alfredo Moffatt - Publicado en Abril 2009
Por el contrario, el
pensamiento que hoy circula de Pichón, es un Pichón formal, de frases
ortodoxas, con clichés razonables, reaseguradores, su pensamiento perdió lo
desconcertante, aquello que abre una perspectiva nueva, esa temática dramática
que extraía de lo que estaba sucediendo y nos angustiaba en ese momento.
Pichón era el escándalo, era el que contradecía a todos,
como en el cuento del emperador y su maravilloso traje invisible que no era
visto por quienes eran bastardos. Pichón pateaba el tablero y decía: "el
emperador está desnudo" (seguro hubiera dicho "en bolas"). En
esta época todos ven el traje invisible, pero además lo describen con las
mismas palabras, todos ven los mismos dibujos en el traje, para no quedar
excluidos del festival del engaño.
Este momento
histórico necesitó reprimir al Pichón‑Heavy y sustituirlo con un Pichón
Light. Porque Enrique era como el Fernet (que también tomaba), al que hay que
echarle soda porque es muy fuerte, pero si nos pasamos con la soda, ya no es
más Fernet (es como una Coca ‑ Cola).
Estamos demasiado
asustados en esta crisis que desestructura la realidad, no nos conviene mirar
los abismos, lo profundo de la existencia, especialmente el tema de la muerte
(paradigma de lo negado en el post modernismo), tema que al elaborar, se logra
el verdadero sentido de estar vivo.
Tal vez en este momento
social sea realmente funcional (sintomáticamente) reprimir todo pensamiento
develador y por lo tanto, desconcertante. Tal vez al vernos hundidos hasta el
cuello en este mar de mentiras, injusticia, violencia y corrupción, estemos
tentados a decir la frase histórica... "no hagan olas" y por lo tanto
tendría justificación piadosa convertir el pensamiento de Enrique en una
papilla light posmoderna.
Pero ojo, una cosa es
tapar algo durante la tormenta y otra es negar que negamos (los lacanianos
dirían forcluir). Debemos concientizar que lo reprimimos, podemos darnos una
tregua y jugar a las palabras inofensivas, para negar lo que nos rodea, pero
debemos recordar que estamos "stand‑by", que nos da
miedo revolver lo profundo porque hay tormenta. Pensar paradojalmente (Enrique
decía a menudo: che... qué “parajoda”…) desafiar lo aceptado, las verdades
tranquilizadoras, sería en este momento de apagón cultural, como "cambiar
de caballo en la mitad del río", no conviene. Tal vez el consejo del
general Perón “desensillar hasta que aclare”.
El uso del pensamiento académico, reasegurador, formado por
frases clichés, es útil. Toda cultura desarrolla las verdades ortodoxas, con
explicaciones y frases ya hechas, sólo es necesario elegirlas para hacer una
clase o un artículo sobre cualquier tema (sin partir de la temida realidad).
Todo esquema estabilizador permite controlar el continuo cambio del mundo real,
el carácter caótico del devenir, pero empobrece la verdad. Pero tampoco
conviene exagerar la estabilidad del pensamiento, pues recordemos que la vida
es fundamentalmente transformación.
La creación lleva al
desconcierto y Pichón era desconcertante, inesperado, con un humor irónico y
tierno que hacía tambalear nuestras seguridades. Pero en este momento, aún de descomposición
social, lo absurdo, lo paradojal, está instituido como la norma. Esta que
estamos viviendo, sufriendo, es una paradoja siniestra, no esclarecedora; el corrupto dice que hay
que combatir la corrupción, los policías roban, la víctima es culpable y el que
denuncia esto, es un delincuente. Lo que ocurre es definido por el poder como
lo contrario (“la pobreza ha disminuido”, “garantizamos la paz”, y vendemos
armas); de modo que son los mensajes esquizofrenizantes (descriptos por los
sistémicos) porque es una paradoja que se niega, no como la de Pichón que
mostraba la contradicción y la paradoja servía para el esclarecimiento.
Pichón acentuaba lo
absurdo, para que lo absurdo quede develado y se pueda, luego, resolver. Además
le gustaba el escándalo, tenía algo de duende jodón, su humor era encantador.
Su pensamiento era estético, tenía raíces en el movimiento surrealista que
trastocó el arte académico de la época.
Pichón era molesto
para el poder, por eso lo echaron del manicomio y de la propia APA, (Asociación
Psicoanalítica Argentina) que él había fundado, cuando los llamó
"cafishios de la angustia".
Pichón te abría la
cabeza, en realidad te la "partía en pedazos", para que vos luego
armes tu rompecabezas con una nueva figura. Te hablaba de lo dramático en el
sentido de llorar y reír, lo dramático como lo comprometido con la vida. Era
muy seductor dando clases, era imposible aburrirse. El hacía referencia al aquí
y ahora que estaba sucediendo, y usaba, desde un lenguaje sofisticado, hasta el
lunfardo más rantifuso. Sentías que con la ciencia que él te explicaba,
entendías tu vida.
Era travieso (Winnicottiano),
proponía el juego como modo de aprendizaje. Parecía viajar por las edades, a
veces tenía su edad, y otras veces parecía de seis años y se permitía
travesuras; a veces tenía ochenta y seis y hablaba de la muerte.
Manejaba la
espontaneidad en todos los órdenes, daba sorpresas. Todo desde un impecable y
rigurosísimo método científico y un develador análisis de la realidad. Juntaba
la ciencia y el arte, era el Pichón razonable, terapeuta organizador del caos.
Muy estudioso,
profundo investigador, leía y conocía todas las corrientes. Su casa era un caos
de libros. Tenía interés por todo, Pintura, Ecología, Cibernética, el
pensamiento filosófico. Tenía una gran cultura literaria y artística, de una
formación universal como he conocido pocos.
También podía ser un
finísimo profesor francés (Ginebrino), un exquisito psicoanalista, y a la vez
podía estar cómodo con un grupo de vagos en una cantina atorranta. Contenía
todo lo humano.
Después de su muerte
sentí que, para mí, no había más maestros. En su relación conmigo está presente
ese estilo amoroso ‑irónico ‑
jodón; recuerdo que me decía, "vos sos mi hijo
putativo" (y me dejaba pensando sobre las ventajas de la "putatividad
maternal").
Para terminar este
artículo (seguro que polémico), diremos que en esta época de desconcierto y
confusión aceptamos sin culpa usar un Pichón‑light. El otro está reprimido, igual que otras cosas,
como lo solidario, lo ético y
el sentimiento de justicia social, pero recordemos que existe el otro Pichón y que cuando este país reencuentre su proyecto de destino
y salgamos del pozo, vamos a necesitar en la psicoterapia, en la socioterapia,
el pensamiento vigoroso, transgresor y creativo de Enrique Pichón Rivière.


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